Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina. Un cerebro centenario.


Premio Nobel de Medicina 1986, cumplió 101 años este año.

A continuación compartimos una entrevista del año 2005, realizada por Víctor M. Amela de La Vanguardia Digital.

– ¿Cómo celebrará sus 100 años?
– Ah, no sé si viviré, y además no me placen las celebraciones. ¡Lo que me
interesa y me da placer es lo que hago cada día!
– ¿Y qué hace?
– Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien y prosperen ellas y sus
países. Y sigo investigando, sigo pensando…
– No se jubila.
– ¡Jamás! ¡La jubilación está destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se
abandona… Y eso mata su cerebro. Y enferma.
– ¿Y cómo anda su cerebro?
– ¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia en ilusiones ni en capacidad.
Mañana vuelo a un congreso médico…
– Pero algún límite genético habrá…
– No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo…, pero no conoce la senilidad. El cuerpo se
me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!
– ¿Cómo lo hace?
– Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas, las restantes
se reorganizan para mantener las mismas funciones, ¡pero para ello conviene
estimularlas!
– Ayúdeme a hacerlo.
– Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar, y nunca se degenerará.
– ¿Y viviré más años?
– Vivirá mejor los años que viva, que eso es lo interesante. La clave es mantener
curiosidades, empeños, tener pasiones…
– La suya fue la investigación científica…
– Sí, y sigue siéndolo.
– Descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso…
– Sí, en 1942: lo llamé nerve growth factor (NGF, factor de crecimiento nervioso), y
durante casi medio siglo estuvo en entredicho, ¡hasta que se reconoció su validez
y en 1986 me dieron por ello el premio Nobel!
– ¿Cómo fue que una chica italiana de los años veinte se convirtió en
neurocientífica?
– Desde niña tuve el empeño de estudiar. Mi padre quería casarme bien, que fuese
buena esposa, buena madre… Y yo me negué. Me planté y le confesé que quería
estudiar…
– Qué disgusto para papá, ¿no?
– Sí. Pero es que yo no tenía una infancia feliz: me sentía patito feo, tonta y poca
cosa… Mis hermanos mayores eran muy brillantes, y yo me sentía tan inferior…
– Veo que convirtió eso en un estímulo…
– Me estimuló también el ejemplo del médico Albert Schweitzer, que estaba en
África para paliar la lepra. Deseé ayudar a los que sufren, ¡ése era mi gran
sueño…!
– Y lo ha hecho…, con su ciencia.
– Y, hoy, ayudando a niñas de África para que estudien. Luchemos contra la
enfermedad, sí, ¡pero todo mejorará si acaba la opresión de la mujer en esos
países islamistas…!
– La religión ¿frena el desarrollo cognitivo?
– Si la religión margina a la mujer frente al hombre, la aparta del desarrollo
cognitivo.
– ¿Existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer?
– Sólo en las funciones cerebrales relacionadas con las emociones, vinculadas al
sistema endocrino. Pero en cuanto a las funciones cognitivas, no hay diferencia
alguna.
– ¿Por qué todavía hay pocas científicas?
– ¡No es así! ¡Muchos hallazgos científicos atribuidos a hombres los hicieron en
verdad sus hermanas, esposas e hijas!
– ¿De veras?
– No se admitía la inteligencia femenina, y la dejaban en la sombra. Hoy,
felizmente, hay más mujeres que hombres en la investigación científica: ¡las
herederas de Hipatia!
– La sabia alejandrina del siglo IV…
– Ya no acabaremos asesinadas en la calle por monjes cristianos misóginos, como
ella. Desde luego, el mundo ha mejorado algo…
– Nadie ha intentado asesinarla a usted…
– Durante el fascismo, Mussolini quiso imitar a Hitler en la persecución de judíos…,
y tuve que ocultarme por un tiempo. Pero no dejé de investigar: monté mi
laboratorio en mi dormitorio… ¡y descubrí la apoptosis, que es la muerte
programada de las células!
– ¿Por qué hay tan alto porcentaje de judíos entre científicos e intelectuales?
– La exclusión fomentó entre los judíos los trabajos intelectivos: pueden
prohibírtelo todo, ¡pero no que pienses! Y es cierto que hay muchos judíos entre
los premios Nobel…
– ¿Cómo se explica usted la locura nazi?
– Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el
cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual. ¡Manejaron emociones, no
razones!
– ¿Sucede eso ahora?
– ¿Por qué cree que en muchas escuelas de Estados Unidos se enseña el
creacionismo en vez del evolucionismo?
– ¿La ideología es emoción, es sinrazón?
– La razón es hija de la imperfección. En los invertebrados todo está programado:
son perfectos. ¡Nosotros, no! Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a
los valores éticos: ¡discernir entre bien y mal es el más alto grado de la evolución
darwiniana!
– ¿Nunca se ha casado, no ha tenido hijos?
No. Entré en la jungla del sistema nervioso ¡y quedé tan fascinada por su belleza
que decidí dedicarle todo mi tiempo, mi vida!
– ¿Lograremos un día curar el Alzheimer, el Parkinson, la demencia …?
– Curar… Lo que lograremos será frenar, retrasar, minimizar todas esas
enfermedades.
– ¿Cuál es hoy su gran sueño?
– Que un día logremos utilizar al máximo la capacidad cognitiva de nuestros
cerebros.
– ¿Cuándo dejó de sentirse patito feo?
– ¡Aún sigo consciente de mis limitaciones!
– ¿Qué ha sido lo mejor de su vida?
– Ayudar a los demás.
– ¿Qué haría hoy si tuviese 20 años?
– ¡Pero si estoy haciéndolo!

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