El ejercicio tiene efectos duraderos en las adultas mayores


NUEVA YORK (Reuters Health) – Las adultas mayores con los huesos debilitados y que hacen ejercicio regular mejoran el equilibrio y la velocidad al caminar, lo que las protegería de las fracturas y les prolongaría la vida.

Según un nuevo estudio, apenas 20 minutos de ejercicio diario en el hogar combinados con 6 meses de entrenamiento semanal supervisado cada año, durante 5 años, aumentó la estabilidad del andar de las participantes y redujo un 32 por ciento el riesgo de fracturas.

Esas mejorías duraron 2 años después de la finalización del programa, según halló el equipo de Raija Korpelainen, del Departamento de Medicina del Deporte, de Oulu Deaconess Institute, en Oulu, Finlandia.

Los autores publican en Archives of Internal Medicine que existe poca información sobre la efectividad del ejercicio en las adultas mayores con osteoporosis.

El equipo había realizado un ensayo durante 30 meses con una intervención física en 160 mujeres con osteopenia, lo que significa que tenían alguna perdida de densidad ósea, pero no lo suficiente como para ser osteoporosis.

Las mujeres que hacían ejercicio caminaban más rápido y rendían mejor en otras pruebas de fuerza y estabilidad que las mujeres que no hacían ejercicio. Ahora, los autores publican los resultados de un seguimiento a 7 años.

Participaron 59 mujeres del grupo que hacía ejercicio y 45 mujeres del grupo control. Durante el seguimiento, el grupo que hacía ejercicio sufrió 17 fracturas tratadas en hospitales, mientras que el otro grupo registró 23 fracturas.

Ninguna de las mujeres que hacían ejercicio sufrió una fractura de cadera, mientras que hubo 5 en el grupo control.

Las participantes que habían hecho ejercicio toda la vida eran un 78 por ciento menos propensas a sufrir una fractura durante el seguimiento.

Ese grupo mantuvo la velocidad al caminar durante el seguimiento, mientras que en el grupo control se redujo en el tiempo. Pero ambos grupos sufrieron el mismo deterioro de la densidad mineral ósea durante el seguimiento.

Una de las participantes del grupo que hacía ejercicio (1,2 por ciento del grupo) murió durante el estudio, comparado con 8 (10,5 por ciento) del grupo control. Pero el tamaño pequeño de la muestra “limita las conclusiones” sobre si el ejercicio redujo la mortalidad.

Las fracturas en el grupo control ocurrieron más cerca del centro del cuerpo (por ejemplo, en la cadera en lugar de la rodilla) que en el grupo que hacía ejercicio, “lo que indica que ese tipo de caídas sería distinto en las personas que hacen ejercicio regular”.

“A las mujeres con osteopenia se le debería recomendar hacer ejercicio físico diario habitual”, concluye el equipo.

FUENTE: Archives of Internal Medicine, 27 de septiembre del 2010.

Reuters Health

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